Peakbagger.com

Ascent to Nevado de Chañi-piedra parada on 2009-04-09

Climber: Andres Espindola

Date:Thursday, April 9, 2009
Ascent Type:Unsuccessful - Turned Back
Point Reached:Nevado de Chañi - piedra parada
    Location:Argentina
    Elevation:5750 m / 18865 ft
    Remaining Elevation:179 m / 590 ft (9% left to go)

Ascent Trip Report

El plan era quedarnos en El Moreno y buscar a alguien que nos lleve hasta la base del cerro al otro día, pero la gente que consultamos nos dijo que el camino estaba bueno para transitarlo en auto. Así que seguimos para El Angosto, allí un amable lugareño apellidado Liquín, nos dio las últimas indicaciones. Pronto nos encontramos transitando una maltrecha huella en dirección sureste. Ya habíamos tomado la decisión de dejar en auto hacía rato cuando llegamos al rancho del amabilisimo Pedro Casimiro. Armamos la carpa en un corral y cuando nos aprestamos a pasar la primer noche a casi 4000 m.s.n.m. apareció Pedro con una bolsita de un yuyo puneño llamado Pupusa que sirve "para sacar toda la puna del cuerpo".
A la mañana y luego de solo un par de horas de marcha llegamos a las construcciones derruidas de la antigua mina donde armamos la carpa. Charlamos un rato con Armando y con Simón que resultaron sobrinos de Pedro Casimiro.
Luego de almorzar porteamos algunas cosas. Caminábamos mirando los fósiles ocultos entre las piedras y no reparamos que el camino se separaba bastante del arroyo y que no teníamos agua. Al final de la vega completamente seca depositamos todo y comenzamos a bajar con la garganta acartonada. Ya en la carpa el peor dolor de cabeza que tengo memoria me pegó fuerte. Estaba totalmente desganado y no quería ni moverme para tomar una aspirina. 15 minutos después no podía más con mi humanidad y a pesar de las recomendaciones en contrario me acosté. A las dos horas me desperté como si nada hubiese pasado, lleno de energía y listo para encarar cualquier cosa.

Al otro día el camino nos resultó muy sencillo ya que lo conocíamos y el peso de las mochilas estaban muy acorde al gusto promedio. En poco rato llegamos donde habíamos dejado las cosas porteadas y seguimos avanzando por un camino lógico que ganaba altura paulatinamente y se movía por las pendientes de la mejor manera posible. Poco más de tres horas nos llevó llegar a Mesada Grande, un lugar espectacular, con un montón de pircas incaicas derruidas y tomadas por manchones de yaretas y en un extremo, un refugio con dos habitaciones techadas, varias más sin techar y un excusado. El lugar es muy pintoresco y ofrece comodidades y seguridad para el acampante, pero lamentablemente esta lleno de basura que desilusiona al que llega esperando un refugio alejado de la civilización.

Cuando fuimos a buscar agua a la vega cercana encontramos solo un tenue hilo de agua que unía charcos mugrosos infestados de la larvas de mosquitos. Sabíamos que los planes se trastocaban gravemente. Las opciones eran bajar a buscar agua, ir a un punto más al sur donde el GPS marcaba otro lugar para sacar agua o purificar la poca que podíamos encontrar acá. La primera opción era la más segura ya que sabíamos que abajo encontraríamos agua, pero esto pospondría un día el intento de cumbre y sabíamos que el día para intentarlo era el siguiente ya que luego desmejoraría. Ir a buscar agua a otro punto tenía muchas incógnitas, ya que no sabíamos cuanto tendríamos que subir y bajar, y si en definitiva encontraríamos agua, cosa que si no sucedía sería ya muy tarde para intentar las otras dos. La tercera opción era la menos conservadora y por la que en definitiva optamos; recogimos todos los sobrantes de agua en las botellas tiradas por ahí y hasta la última gota de agua lodosa en los charcos de la vega. Herviríamos toda el agua posible, tratando de deshidratarnos lo menos posible, para salir lo más temprano que pudiéramos. Así lo hicimos y a las 4 de la tarde almorzamos malamente unos fideos incomibles, después de colar y hervir toda el agua que teníamos tomamos una sopa y a las 8 estabamos intentando dormir para salir tempranísimo rumbo a la cumbre. Esa noche una ligera nevada golpeo la montaña.

La luna llena nos mostró la primer parte del sendero. Mojones de piedra pintados de verde se sucedían. Por un rato perdimos el sendero al llegar a un monjón que era una piedra torcida apuntando al norte, ya completamente a oscuras. Renegamos media hora trepando por piedras sueltas hasta que Gastón encontró la huella. Trepamos definitivamente rumbo al abra. La claridad fue ganando la montaña y se descubrieron grandes nubes a nuestros pies cubriendo toda la puna hacia el oeste. El sol ya calentaba el abra cuando llegamos a ella. Nos detuvimos un buen rato para contemplar el hermoso paisaje que se abría ante nuestro ojos: al norte todo el cordón que va del Pico Leñas a la aguja Negra con la imponente pared sur del Chañi Chico; al este todo el valle de Ovejería, las lagunas, infinidad de vegas y el refugio entre las morrenas; hacia el sur nuestro objetivo, la cumbre General Belgrano, junto a la cumbre central y más allá el pico Ibañez. Todo pintado de negro y blanco.

Luego de dos horas llegamos a la parte más alta del filo. Sabíamos que luego de allí seguía un domo y por último la empinada trepada final. Monté la cresta sorteando unas piedras que emergían entre la nieve, caminaba cerca de un precipicio sin fin hasta llegar al lado de una gran cornisa de nieve. Al llegar a la parte donde el camino volvía a subir, vi que Gastón no había siquiera asomado la cabeza por la parte alta de la cresta. Me asusté un poco y rápidamente desande el camino. Espere su llegada y seguimos viaje. Ya intuía que a esa velocidad no podríamos hacer cumbre, no por un problema de tope horario sino de energía misma. Ya no me despegué de mi amigo y lentamente avanzamos todo lo que había hecho minutos atrás. Trepamos hasta unas piedras paradas de granito naranja donde tomamos un poco de líquido y luego de unos minutos nos paramos para seguir. Solo hicimos dos pasos más y el intento de hacer cumbre había concluido. Charlamos brevemente sobre si seguía solo o no; si seguíamos un rato más o si volvíamos en ese momento. Pero la decisión estaba tomada. Con emoción nos despedimos del cerro prometiendo volver para hacer un mejor papel y comenzamos el descenso a las 12 del mediodía.

Siete horas más tarde estaba cerca de la mina a la altura de la casa de Simón Chuchuy quien me invitó a tomar uno mate cocido. Me acerqué la patio común de las construcciones y el hombre curtido me tendió un jarro con mate cocido oscuro, caliente, con olor a Rica Rica y muy sabroso. Con su campera improvisó un almohadón sobre una piedra y charlamos un rato. Me preguntó como nos había ido y se sorprendió de que no hayamos encontrado agua. Vicenta trajo una tortilla cocinada al rescoldo, mientras la oscuridad y nubes bajas empezaron a cubrir el lugar. Subimos con Simón a buscar a mi compañero. Cuando volvimos Simón, Vicenta y Gastón se fueron a tomar unos mates mientras preparaba las cosas para armar la carpa. A los pocos minutos me uní al grupo que había entrado a uno de los ranchos. Al entrar el humo me golpeó la cara y al abrir los ojos vi otra realidad, Vicenta con la pequeña Camila, al fondo sentadas sobre unas piedras al lado de un minúsculo horno a leña, del que sobresalía una rama culpable de la nube de humo que se agolpaba contra el techo de chapa. Un poco más acá Simón en cuclillas y Gastón sentado en una de las dos sillas del rancho. La otra, vacía, esperando mi llegada. Compartimos un paquete de galletitas que había llevado al rancho y tortilla que había cocinado Vicenta. Charlamos un largo rato. Simón nos contó de su trabajo y de su familia, de anécdotas con montañistas y del colegio al que concurrían sus hijos. Camila nos miraba desde el rincón de la habitación, sin decir palabra. Cenamos un poco de mote que los Chuchuy nos ofrecieron.

Charlamos varias veces con Gastón de que forma tratar a esta gente sumamente amable. ¿qué ofrecerles? ¿cómo sacarnos fotos sin hacerlos sentir como que le sacábamos fotos a "cosas raras"? A Chuchuy le dijimos que si no lo tomaba a mal le dejaríamos algunos comestibles que no queríamos bajar por el peso que representaban. El nos explicó que el mayor problema con los comestibles era traerlos y ya que nosotros ya las habíamos subido con gusto las aceptaría. A Camila le regalé una bolsa con caramelos que no comió, pero que se encargó de abrazar durante todo el tiempo que estuvimos por allí. Al final, cuando partíamos, Camila me regaló una sonrisa.
Llegamos a El Moreno sobre la hora en que Angel salía de la escuela dispuestos a darle un mensaje que su madre nos había dado. Esperabamos mientras los alumnos estaban formados en el patio trasero, mirando la flamante escuela donde en un rincón se amontonaban cajas de escritorios preensamblados y muchas computadoras. Los alumnos empezaron a salir y le pedimos a una maestra que ubicara a Angel. Su nombre sonó varias veces en el edificio y en unos minutos él estaba allí. Era el mismo joven que había pasado a unos pocos metros de donde habíamos dejado las mochilas en la mina abandonada. El mismo joven que el domingo bajaba del cerro con su padre. El mismo Angel que indiferente se alejó sin saludar a los extraños que charlaban con el amable Simón. Esta vez su actitud fue la misma, tomó el pequeño papel doblado y envuelto en nylon y sin decir más pegó media vuelta y se fue. Me quedé mirando al joven que se alejaba junto a unos amigos, todos vistiendo pantalones anchos con intrincados bordados y logos orientales, remeras roqueras y camperas sueltas con capuchas; Angel llevaba una mochila de Attaque 77. Recordé el humilde rancho del cerro, la cordial actitud de los Chuchuy y las vestimentas típicas de Vicenta ¿Como manejar esas diferencias? ¿Qué pensarán sobre estas realidades que se contraponen? ¿Que deparará el futuro para esta gente?
Lo que restó del viaje fue turismo; interesante y enriquecedor turismo por una parte del país de inmensos contrastes y bellezas, donde la historia te mira a los ojos y la incertidumbre sobre el futuro de la gente conmueve hasta la misma bastedad de la Puna.
Summary Total Data
    Elevation Gain:1851 m / 6070 ft
    Route Conditions:
Unmaintained Trail, Snow on Ground, Scramble
    Gear Used:
Ice Axe, Crampons, Tent Camp
Ascent Statistics
    Elevation Gain:1851 m / 6070 ft
    Trailhead:3899 m / 12795 ft
Descent Statistics



This page has been served 104 times since 2005-01-15.




Questions/Comments/Corrections? See the Contact Page
Copyright © 1987-2014 by Peakbagger.com. All Rights Reserved.